De lo Emocional en la Materia

En la mañana quise ponerme el blusón tejido y colorido traído de São Paulo, el collar vistoso en rosa y café degradé comprado en la feria de San Telmo en Bs As, y el anillo de tagua que tiene como diseño la síntesis de mis gustos cromáticos.

Todos, obsequios que recibí durante los últimos meses.

Y la verdad es que al instante tuve que cambiarme de atuendo, con la misma necesidad imperante de aquel que necesita naftalina para quitarse las pulgas de encima. (definitivamente no encontré una analogía más cheesy e idónea)

Simplemente no pude lidiar con esa energía pesada y ya pasada por agua, viento y sol.

La energía que me recuerda mi propia ingenuidad.

La misma energía que me remonta a la tibieza y egoísmo que tanto aborresco en los demás.

Muy seguramente una persona más práctica y menos pseudoyogui que yo, encuentra el asunto tonto y quisquilloso, pero la cuestión aquí es otra, y se trata de un certero rechazo que me generan dichos objetos principalmente por la superficialidad que los cobijó en sí.

Dar y recibir es uno de los feedback más poderosos que existen y por ende, es importante conocer de ambos lados.

Cuando dichos regalos llegaron a mis manos, conmovida lo único que atiné a hacer fue otorgar un par de besos, abrazos y caricias en agradecimiento y a partir de ese momento, es todo aquello que pretendo olvidar o que inclusive, ya olvidé.

-Qué culpa tiene el hacha de tus alaridos- dirían por ahí, y en efecto así es, pero muchas veces no es TAN sencillo desapegar una cosa de la otra, más aún cuando sin buscarlo ni quererlo, los objetos se transfiguran en representación.

El lunes pasado junto a una amiga, nos sumergimos en una profunda charla sobre el mdma, el amor y la empatía y yo no podía estar más a gusto en ese momento; ella anuncia que me ha traído un regalo de su último viaje a México y sin más, me entrega en una pequeña urna de plástico, en la que en su interior reposa un collar que lleva la piedra de Jaspe Rojo, y que está relacionada con Aries, mi signo zodiacal, además de la fuerza, la vitalidad y los sentimientos intensos, entre una cantidad de cualidades más.

Su detalle me emocionó de sobremanera, pero más allá de cualquier otra cosa, las circunstancias que lo rodearon, fueron las que le concedieron esa energía que sobrepasa lo bello y que sin lugar a dudas, me hace querer llevarlo siempre en mí.

Tal vez, en una próxima y futura mañana desee usar el blusón tejido y colorido traído de São Paulo, el collar vistoso en rosa y café degradé comprado en la feria de San Telmo en Bs As, y el anillo de tagua que tiene como diseño la síntesis de mis gustos cromáticos, y tal vez ya deje de añadirle ese extra de misticismo al asunto y ni siquiera tenga que pensar al respecto, porque para ese entonces probablemente ya habré perdonado.

 En especial a mí misma.

EN MERCURIO RETRÓGRADO

Hay días o épocas, en las que nada aparentemente tiene ni cobra sentido alguno.

Ayer por ejemplo.

Salí de mi casa y en realidad lo que llevaba puesto era el saco raído que uso como pijama, el pelo sucio recogido y una expresión de acongojamiento que ni las gafas oscuras de sol que suelo usar eran capaces de disimular.

El asunto de las consignaciones en bancos, formalizaciones, sistemas caídos o en su defecto lentos, sumados al hecho de recorrer infestadas calles en medio de la zozobra generada por la expectativa de conocer algunos resultados médicos, me traían agobiada.

Hablando en otros términos, hoy difícilmente emanaba algún tipo de luz interior y exterior, pero aun así, recibí más miradas y piropos (sí, de esos lindos) como nunca antes, así que me detuve frente a una vitrina para observarme y para mi sorpresa, lo único que encontré fue un rostro cansado y poco fresco, ojeras profusas, labios secos y un atuendo démodé que declaraba abiertamente mi falta de ganas. Así que no dudé en preguntarme al instante ¿Qué demonios está pasando que últimamente las cosas me salen al revés? Vale la pena aclarar, que difícilmente hubiera llegado a esta “trivial” reflexión a través de mi apariencia física, si las últimas dos semanas no hubiera estado sumergida en un vaivén pasivo-agresivo de emociones y circunstancias que se escapaban de mi entendimiento y que me hicieron desear retirarme un tanto del juego random.

Y el juego no me deja retirarme de él, al menos no así de sencillo.

El Lunes, -citando otro día para resaltar de la semana, no pude contenerme ante la hermosa tarde que hacía, entonces decidí ir a tomar el sol y leer a uno de mis lugares preferidos de Bogotá: La Biblioteca Virgilio Barco. Estando allí, aproveché para reponer mi carné perdido hace algún tiempo y la burocracia de dicha diligencia me empujó a pedir la simple ayuda a una de las mejores personas con las que me haya cruzado alguna vez; su cálida colaboración me llevó hasta su hogar, que conozco muy bien y que será un hogar siempre en mí. Allí retrocedimos 5, 4, 3 años atrás y ambos comprendimos y estuvimos de acuerdo en que la casualidad no existe.

Reconfortante y conspiratorio. Aunque no menos confuso en tiempos de rareza.

En realidad, todo va bien cuando la vida o lo que se entiende como vida,  empieza a comportarse así y cuando no nos permite caer hondo en la enfermedad horripilante de la rutina y del conformismo.

Todo va en perfecta armonía cuando está y existe el tiempo para permitirnos comprender un poco, qué es lo que ocurre frente a nuestra naríz y por el contrario, retener y dejar ir lo que ocurre detrás de nuestra espalda que deja de corresponder al circuito propio.

La casualidad no existe, pero la estrategia y las fuerzas del cosmos sí.

Puedo ir con el flujo. Si los días vienen al revés, puedo pararme patas arriba un rato. ¿Por qué no?

DEGAGÉ

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Las 16 horas que aparentemente está durando un día que originalmente era de 24, me hace pensar que ya hace varios años vengo percibiendo la aceleración del tiempo.

El asunto es todo un rush vertiginoso.

La mejor y más sentida forma que encuentro para observar mi vida dentro del timeline de la vida misma, es por medio de las relaciones afectivas que establezco, porque justo allí es donde se instala buena parte de mi energía espiritual e indiscutiblemente emocional, coexistiendo con la marcada soledad que guardo con recelo y gratitud.

Este año que está a punto de desembocar en alguna otra dimensión o agujero negro, me deja el corazón altamente sano, salvo, feliz y repleto de amor en medio de las dos rupturas que surfeé.

El espíritu simplemente se agranda de satisfacción al recordar la cantidad de mañanas, tardes, noches y madrugadas a su lado que me hacen sentir la volatilidad y ligereza del tiempo, pero que también me demuestra la generosidad del mismo; nos encontramos volando a miles, millones de kilómetros por hora entre la infinidad de infinidades y sin embargo, tenemos la posibilidad de llevar a cuestas la estela de los instantes, aromas, melodías, tonos de voz y miradas que nos otorgaron y que conservamos.

Innumerables son las ocasiones en las que un rayo de luz intenta enceguecerme por milésimas de segundos. Las primeras veces, solía perturbarme y atribuirlo a una muy factible migraña, hasta que por medio de uno de mis últimos viajes con hongos en el que dicha ráfaga lumínica hizo una vez más su aparición, comprendí que ésto no era más que un FLASH que captura, tal y como el de una cámara, los highlights, los momentos clave de este “sobrevuelo momentáneo por el sendero”.

Imágenes que cargaré a donde sea que me dirija. Imágenes que me concede el tiempo a manera de souvenir.

Para ese entonces, ya habrán dejado de existir los ridículos e intensos conflictos, los desacuerdos, las lágrimas y los reproches.

 3 almas navegando velozmente por el tiempo y espacio; almas de “diferente nacionalidad”, costumbres, formas de habitar, habitarse y habitar en el amor. Almas sobre las que recosté la mía.

Los besos, las caricias, el sexo, el insomnio, la pérdida, las citas, el dolor, las peleas a mitad de calle, el miedo, la infidelidad, el error, el horror y todo lo demás, ocurre mientras la tierra orbita alrededor del sol con todo su poderío y serenidad.  365/6 días concebidos en medidas de temporalidad humana, de pura y física humanidad.

Son demasiados números, al final irrelevantes para el polvo de estrellas del que venimos, somos y seremos; cálculos sin mucha trascendencia frente al hecho de poner mi mano sobre su pecho y sentir que no existe un destino más seguro y sideral para usted y para mí, juntos, que el cielo despejado en el desierto de Purmamarca, hoy, mañana o nunca… es decir, siempre y por siempre.

…Flash prolongado de luz incandescente e ígnea sobre nosotros dos…

Highlights vía Rosa Montero

“En los castillos medievales, en el enigmático Machu Picchu, en las vetustas pirámides de Egipto: la piel siempre tuvo que ser la piel y el ansia, el ansia…”

“Siempre, nunca, palabras absolutas que no podemos comprender siendo como somos pequeñas criaturas atrapadas en nuestro pequeño tiempo.”

“Uno sería infinitamente generoso con los muertos amados: pero claro, siempre es mucho más difícil ser generoso con los vivos.”

“…Creo que nuestra percepción lineal del tiempo lo empeora todo. Einstein dijo ya hace mucho que el tiempo y el espacio eran curvos, pero nosotros seguimos viviendo los minutos como una secuencia (y una consecuencia) inexorable.”

 

                                

: Una Breve Semblanza :

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Procrastinadora 2.0 con estudios en Producción y Dirección de Cine y Televisión. Ocasionalmente cegada por la luz. A veces me enamoro y a veces pierdo. Fascinación astrológica. Aries es mi signo Zodiacal Occidental y Mono de Agua en el Horóscopo Chino: LIVIN’ LA VIDA ON FAYA’ (en cualquiera de los dos).