DEGAGÉ

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Las 16 horas que aparentemente está durando un día que originalmente era de 24, me hace pensar que ya hace varios años vengo percibiendo la aceleración del tiempo.

El asunto es todo un rush vertiginoso.

La mejor y más sentida forma que encuentro para observar mi vida dentro del timeline de la vida misma, es por medio de las relaciones afectivas que establezco, porque justo allí es donde se instala buena parte de mi energía espiritual e indiscutiblemente emocional, coexistiendo con la marcada soledad que guardo con recelo y gratitud.

Este año que está a punto de desembocar en alguna otra dimensión o agujero negro, me deja el corazón altamente sano, salvo, feliz y repleto de amor en medio de las dos rupturas que surfeé.

El espíritu simplemente se agranda de satisfacción al recordar la cantidad de mañanas, tardes, noches y madrugadas a su lado que me hacen sentir la volatilidad y ligereza del tiempo, pero que también me demuestra la generosidad del mismo; nos encontramos volando a miles, millones de kilómetros por hora entre la infinidad de infinidades y sin embargo, tenemos la posibilidad de llevar a cuestas la estela de los instantes, aromas, melodías, tonos de voz y miradas que nos otorgaron y que conservamos.

Innumerables son las ocasiones en las que un rayo de luz intenta enceguecerme por milésimas de segundos. Las primeras veces, solía perturbarme y atribuirlo a una muy factible migraña, hasta que por medio de uno de mis últimos viajes con hongos en el que dicha ráfaga lumínica hizo una vez más su aparición, comprendí que ésto no era más que un FLASH que captura, tal y como el de una cámara, los highlights, los momentos clave de este “sobrevuelo momentáneo por el sendero”.

Imágenes que cargaré a donde sea que me dirija. Imágenes que me concede el tiempo a manera de souvenir.

Para ese entonces, ya habrán dejado de existir los ridículos e intensos conflictos, los desacuerdos, las lágrimas y los reproches.

 3 almas navegando velozmente por el tiempo y espacio; almas de “diferente nacionalidad”, costumbres, formas de habitar, habitarse y habitar en el amor. Almas sobre las que recosté la mía.

Los besos, las caricias, el sexo, el insomnio, la pérdida, las citas, el dolor, las peleas a mitad de calle, el miedo, la infidelidad, el error, el horror y todo lo demás, ocurre mientras la tierra orbita alrededor del sol con todo su poderío y serenidad.  365/6 días concebidos en medidas de temporalidad humana, de pura y física humanidad.

Son demasiados números, al final irrelevantes para el polvo de estrellas del que venimos, somos y seremos; cálculos sin mucha trascendencia frente al hecho de poner mi mano sobre su pecho y sentir que no existe un destino más seguro y sideral para usted y para mí, juntos, que el cielo despejado en el desierto de Purmamarca, hoy, mañana o nunca… es decir, siempre y por siempre.

…Flash prolongado de luz incandescente e ígnea sobre nosotros dos…

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