Highlights vía Rosa Montero

“En los castillos medievales, en el enigmático Machu Picchu, en las vetustas pirámides de Egipto: la piel siempre tuvo que ser la piel y el ansia, el ansia…”

“Siempre, nunca, palabras absolutas que no podemos comprender siendo como somos pequeñas criaturas atrapadas en nuestro pequeño tiempo.”

“Uno sería infinitamente generoso con los muertos amados: pero claro, siempre es mucho más difícil ser generoso con los vivos.”

“…Creo que nuestra percepción lineal del tiempo lo empeora todo. Einstein dijo ya hace mucho que el tiempo y el espacio eran curvos, pero nosotros seguimos viviendo los minutos como una secuencia (y una consecuencia) inexorable.”

 

                                

: Una Breve Semblanza :

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Procrastinadora 2.0 con estudios en Producción y Dirección de Cine y Televisión. Ocasionalmente cegada por la luz. A veces me enamoro y a veces pierdo. Fascinación astrológica. Aries es mi signo Zodiacal Occidental y Mono de Agua en el Horóscopo Chino: LIVIN’ LA VIDA ON FAYA’ (en cualquiera de los dos).

Cuervos Sobre el D.C

“Bogotá seguirá pateando en su mediocre destino…”

…Esa fue la cruda -casi despiadada, sentencia lanzada por el mundialmente afamado arquitecto Sueco, nacionalizado Francés LE CORBUSIER en los años 40, durante una de las cinco visitas que realizó al país por encargo para diseñar el plan de urbanización de la capital.

Charles Édouard Jeanneret-Grism, mejor conocido como Le Corbusier, pseudónimo adaptado del apellido Lecorbésier de su abuelo materno y la palabra Corbeau, que en francés significa CUERVO, no resultó siendo más que esa figura en su estancia en Bogotá, ya que dicho plan de urbanización nunca se logró llevar a cabo y éste, regresó a Europa posiblemente tan casual, frío y tan #MeImportaUnaVerga, como aquel que mancilla y deshonra.

El Posmodernismo nos incita, entre miles de cosas más, a las tendencias que se viralizan de forma exacerbada. También a la comunicación y a la opinión ultraviralizada llevada a cabo en infinidad de ocasiones por medio de Asociación Libre, es decir, del habla impertinente e incoherente y además, ausenta de argumentos contundentes que le permiten al que tenga ganas de hablar de lo que no es o no sabe, pues hablar de lo que no es y no sabe.

Honestamente, quisiera saber cuántos Bogotanos, o simplemente habitantes de Bogotá, viven quejándose día a día del tráfico (que de momento ni siquiera estarán padeciendo), de la inseguridad, de los huecos, de Petro, del transporte de…de…¿de qué más? Y cuántos de esos habitantes se quejan simplemente porque hacerlo está de moda, o porque es una sencilla forma de romper el hielo y POR SI FUERA POCO y no bastara, los bloggeros cool escriben al respecto porque al parecer no pueden ser más simplones y nimios, se les han acabado los temas y claramente, nunca habrá salida más breve que las palabras agrias y resabiadas. Todos unos Les Corbusiers.

Bogotá, como cualquier otra ciudad del mundo, tiene serios problemas que aquejan indiscutiblemente a la comunidad, y aunque todos estamos sumergidos de una u otra manera en la cloaca, definitivamente hay que tener muy poca luz interior para verterse encima el barro espeso de la mala onda, intentar vertérselo a los demás y lo peor de todo: Ser chiquitos en corazón y espíritu.

Soy una persona que viene de la Provincia. Hace apenas cuatro años y medio vivo en Bogotá y debo decir desde lo más profundo, que no puedo estar más agradecida con esta ciudad.

He sido atracada, uso transporte público diariamente y por lo general voy parada y sometida al humor y estado anímico del conductor recorriendo distancias considerables; he quedado atrapada en trancones; me he tronchado y continúo tronchándome los pies entre tanto hueco; me han metido la mano al bolsillo; me han robado la billetera con todos los papeles dos veces; me ha caído un torrente de lluvia encima cuando hace apenas 10 minutos estaba haciendo sol y toda esa serie de sucesos que todos conocemos muy bien, tan propios de acá. No sobra tampoco decir, que soy plenamente consciente de las mayormente arduas circunstancias con las que muchísimas otras personas tienen que lidiar en su día a día en esta capital, sin embargo, la cuestión que trato, se refiere puntualmente al daño que genera y se autogenera, ese tipo de población que se siente “muy ciudadana”, “socialmente honorable” y “políticamente correcta” al lanzarle pura y física mier*a a Bogotá por medio de actitudes que pretenden contagiar a toda costa.

Alguna vez, encontré este estremecedor fragmento de una entrevista realizada al escritor Mario Mendoza (Rolo casi que por antonomasia), y nunca más logré sacármelo de la cabeza:


(…) El vértigo. En ningún otro lugar del mundo la muerte está tan cerca como en Bogotá y las cifras y las estadísticas todavía indican que somos uno de los centros más violentos del mundo aunque la ciudad haya cambiado. Pero ese vértigo y esa adrenalina que se vive aquí en Bogotá no se vive en ninguna otra parte del mundo, eso produce casi como una manera de defensa, tal vez una afirmación de la vida, que no tiene uno tampoco en ningún otro lugar del mundo. Sólo reflexionando sobre la muerte entiende uno las dimensiones de lo que es estar vivo, entonces uno en ninguna otra parte se siente tan vivo como acá. Me parece que esa es la gran lección de vivir en Bogotá..

Y sí. Reitero que mi enorme cariño por esta ciudad va más allá de cuanto lío tenga en sí misma.

En este lugar conocí la independencia, pues me vine a vivir sola siendo aún una niña y muchas de las calles del D.C (como a veces me gusta llamar a Bogotá) han arrullado mi crecimiento, alegría, lágrimas, desespero, rabia y locura.

En este lugar he conocido el amor, la amistad, la farra dura y sin lugar a dudas, aquí he conocido extranjeros de sus propias tierras que han sucumbido ante el encanto de la arrebatada y vieja divina que es BOGOTÁ.

 Aquí, es donde muchos empezamos a ser lo que alguna vez soñamos. Este es el lugar que nos sigue brindando oportunidades.

Distrito Capital al que regresaré siempre, y ojalá, ojalá…Esos oscuros Cuervos alcen sus alas y vuelvan convertidos en Golondrinas de colores que intensifiquen la magia y el poderío de este grandioso territorio que nos acoge en su seno.

Así que con toda la humildad del caso, me resta por agregar un resonante y estrepitoso: GRACIAS POR TANTO BOGOTÁ.